Felicidades a
ABE YILLAH ROMAN ALVARADO

Ganadora de la edición XIII de CRITICÓN

Con su texto
LA INSISTENCIA EN LA PERPLEJIDAD

Acerca de la obra
SIR KO

¡Leelo a continuación!
La insistencia en la perplejidad
por Yeba Namor • Abe Yillah Roman Alvarado

El Teatro Juan Ruiz de Alarcón recibió la primavera del 2017 con una polémica puesta en escena: Sir Ko. La vida es un acto NO premeditado, la que insinuaba un carácter pretencioso al contar con tres directores. Entre ellos, el iconoclasta Gerardo Trejoluna (actor protagónico), el polifacético Rubén Ortiz y la actriz Yaride Rizk.

Lo atrayente del título funcionaba perfectamente para los espectadores novatos. Es claro el recurso tautológico de las dos palabras de origen anglosajón: el Sir para referir un rango mayor y el Ko para señalar un estado noqueado. El propósito de aludir al “cir-co” con la pronunciación y la caracterización del personaje principal, abría en un primer momento la posibilidad de que el sentido literal se trastocara en simbólico. Mas cuando dicha alusión es sólo en una ocupación que contextualiza, entonces el sentido figurado deviene en una perogrullada.

De la gran crisis existencial se desprende el tema como un estado anímico exaltado por las vivencias del clown y la referencialidad a los textos “aprehendidos” a lo largo de su trayectoria. Es ahí donde la “tramaturgia” constituida por numerosas frases de una diversidad de autores convierte a la acción dramática en un vomito demagógico per se. De este modo, la perplejidad sale a relucir. No se entiende cómo el “payaso” hizo uso de toda esa textualidad sin comicidad alguna. Esta falta de verosimilitud y de unidad deja entrever la pobreza del guión.

El lugar es preciso: un circo. Aquí tiene cabida el discurso de Trejoluna sobre explorar nuevas formas y desacralizar los espacios. Recurre a la tecnología bajo el argumento gastado de ser algo inherente a nuestra era, además de querer presentar un actor que no esté físicamente, que se vea a través de una enorme pantalla arriba de la pista. Lo que en un primer momento parece un gran acierto, permitiendo la simultaneidad de espacios, al final concentra toda la acción. Respaldado por lo interdisciplinario al meter el cine en el teatro, la obra se cae, no logra meter al espectador con todo y el exagerado movimiento de cámaras. Aunque los directores insistan en la resistencia del público, no se mantiene la atención. Eso es un terrible error escénico, amén que es más fácil el trabajo de edición que el dominio en el escenario.

Los demás personajes son tan insignificantes que ni siquiera conforman una trama secundaria. De ahí que el grupo de payasos que audicionan en la supuesta carpa a lo Fellini, no influyan en el acontecimiento ni transmiten nada. Su razón de ser es de descanso visual y auditivo ante el extenuante monólogo del protagonista que funge como eje rector. La pobreza de dirección escénica es rotunda, no se patentiza el discurso de Ortiz sobre las formas artísticas renovadoras y las nuevas maneras de concebir el espacio escénico.

En cuanto al desenlace, es en la autoinmolación de Sir Ko donde se intenta sostener la idea de que “la vida es un acto No premeditado”. No obstante, a pesar del uso y abuso de lo tecnológico, resultó en una parodia del fire challenge en las redes sociales. Si bien la obra tiene algunos aciertos interdisciplinarios, el potencial se mermó por completo ante la insistencia en la perplejidad por parte de los directores. El dejar “abierto” el horizonte de recepción y, peor aún, el de expectativas, no es algo provocador ni innovador. Es sólo un signo de mucho ego discursivamente sostenido. Sin embargo, es con la presentación de una obra de esta naturaleza donde el papel de la Dirección de Teatro de la UNAM se hace loable por su apertura e inclusión.

¿Que dijeron los jueces?