El arte posmoderno de re-escribir viejas comedias
Por Juana la novicia / Alejandra Castro Romero
Del “Sor Juana” son las tablas
Por las que corre el montaje
tiempo actual, y no en España
esperemos esto cuaje.
¿Llegará a grandes alturas
la nuevísima versión?
Precaviendo y por las dudas,
¡que se arranquen balcón!
Por inicio es necesario
referencias balanceadas
suban pronto al escenario
tres figuras mascaradas.
Con guiñoles cibernautas
del Starbucks es la saña
cual bufones cuyas flautas
tararean esta canción:
¡viva el tweet y la patraña!
El comienzo...tiene faltas
no nos basta la carilla
cunde el “gag”, no hay variación,
será quizá porque brilla
demasiado de amarilla
la faz del emoticón.
No hay ingenio y, como sea
el prólogo se disgrega
se descose la factura
esto no le pasa a Vega
¡Enmendemos con premura!
Es momento de un viraje
algo “pro”, controvertido
un asalto, o un ultraje
que de cuerpo y colorido
sin llegar a la tragedia.
que, aunque intuyo afán brechtiano
quizá temo por la prisa
el tono y la tesitura
se resbalen por el caño.
Así pues, vistiendo al Santo
entra pronto un asaltante
muerte “banda” con un bate
muy bellaca y felona
que vino a sacar el llanto,
el garrote le fulgura
cual Salinas la pelona.
Entre golpes y rencores
de uno en uno los guiñoles
estallan por los riñones,
no escucho lamentaciones
ni asistentes querellantes
pues con toda honestidad
nuestro trio de bufones
eran vanos e irritantes
y comienza a preocupar
que tan nobles intenciones
se estrellen sin despegar.
Pero cae sobre la escena
la penumbra con su aliento
brilla pobre, dulce y tierna
una virgen del cemento,
y entre cascos y barrillas
llora lento un acordeón,
que detiene el pie del tiempo.
Ya el hechizo se despliega
aunque no sea lo de Vega
¡teatro está en la comunión!
Y ¡oh qué extraño, qué fortuna!
tan insólito camino,
trae a Fuenteovejuna
No lo sé, ¿quién lo diría?
¿será la escenografía?
llegamos hasta el desierto
un poblado, una villa
el México de la orilla
tierra cálida y sencilla
donde se seca un lamento
y no corre más el viento.
Ya de aquí en adelante
Con sombría presentación
vive lúgubre, inquietante
la sagaz adaptación.
Que un ultraje es un ultraje
y un fierro la tiranía,
no da el crimen el paraje
y sea narco o monarquía
se debe nombrar la sangre
porque México hoy en día
es un rastro a lo Dante.
Calatrava es un cartel
un narco el Comendador
más no recae sólo en él
encarnarnos el horror
se muestra la podredumbre
de toda gobernación,
Crece mucho Don Esteban
quien en el verso original
tiene un rol vano y casual
como padre de Laurencia,
más aquí gana presencia
casi se vuelve el principal
al ser un paralelismo
del enorme heroísmo
de aquél famoso Mireles;
el médico autodefensa
que contuvo a los cárteles
y protegió Michoacán
con garra y colmillos fieles
como los tiene buen un can.
El símil es pertinente
Fluye vívido, natural
Hay actuaciones excelentes
como la de Héctor Bonilla

quien con Don Carlos Corona
nos dan buena comidilla
de oficio puro, magistral
que con toques de realismo
tocan sí, los paroxismos
de lo que el teatro sabe dar
pues jamás será lo mismo
ver a un gran actor actuar
tras el ojo de la lente,
que tener cerca y presente
la pasión que conmociona.
Más no todo es panacea,
sea en la escena o en la corte,
siempre pesa un recorte
solo así se balancea.
Aquí, temo que Laurencia
pierde brillo ante la audiencia
y no es culpa de la actriz
pues en verdad Patricia Ortiz
da un papel muy bien plantado
más bien algo se ha olvidado
al momento de engarzar
el total del entramado
que no llega a cohesionar.
Una fusión refinada
no sería tan complicada
esta crítica lo intenta.
Todo esto es minucia
por ejercitar mi astucia,
Que al crítico le adereza
mantener fría la cabeza
pero al centro de la jeta
bien hipérbola la ceja.