La historia de Zahhak y Fereydún
por CHIMA • Alfonso José Martínez

Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.

Génesis 4:8

 

De asesino y loco todos tenemos un poco. ¿Quién no ha tenido el deseo de acabar con la vida de otro? Desde que el ser humano habita la Tierra el asesinato ha estado presente y las razones varían, pero las frecuentes son celos, envidia y afán de poder. Cada noticia nos lo recuerda y es de temer que por cotidiano se vuelva insignificante. Pero contra esta amenaza se encuentra el acto escénico teatral, que incluso ficticio, mantiene origen y repercusión en la realidad. Una historia corta basta para dejar vibrando en nuestras cabezas el sonido de la reflexión o para acelerar el ritmo de nuestra sensibilidad.

Dentro del Teatro Santa Catarina, uno de los pertenecientes a nuestra querida UNAM, los dedos de Manuel Mejía puntean las cuerdas de dos laudes que se fusionan con el emotivo tahrîr de Kaveh Parmas, mientras las manos de Francisco Bringas percuten un Daf persa que retumba en el espacio y se une al ritmo dancístico-ritual, visible en los movimientos de Kaveh e Indira Pensado, dos actores notables que interpretan desde un personaje hasta un ejército de ellos explotando sus capacidades corporales y vocales. Bringas, quien deambula por el espacio con gran presencia, complementa los efectos sonoros cada que hace vibrar el Daf.

Ritmo y sonido asientan su presencia al iniciar La historia de Zahhak y Fereydún, uno de los pasajes del Shanhamé, el poema épico más largo escrito por el poeta iraní Ferdousí, y que Kaveh de manera generosa traduce y lleva a escena para acercarnos a la mitología persa y aún más a la situación en México. Durante 80 minutos me mantuve en un vaivén; los gushés me trasladaban a Medio Oriente mientras que la historia inevitablemente me traía de vuelta a nuestro país.

Parmas da vida al ambicioso Zahhak quien, seducido por el demonio encarnado en Indira, mata al rey, su padre, y a Jamshid, soberano del mundo. Y ahora ¿qué hará el gobernante para extender su vida y reinado? Dar fin a la vida de los habitantes. Pues tener el poder es como cargar sobre los hombros dos serpientes que amenazan con comer su cerebro si no las alimenta con el de los demás, pero “¿de qué sirve una larga vida? Ya que el mundo nunca revelará a nadie sus secretos.”

Fereydún nos regala algo de justicia y acaba con la vida de Zahhak. Sin embargo, por razones que aún no entendemos, el peso cae más fuerte sobre los justos y tras repartir territorio a sus tres hijos, los dos mayores llevados por celos y envidia, asesinan al menor y se quedan con su fracción, dejando en tristeza a Fereydún.

Esta historia no tiene final feliz, quizá porque no ha finalizado; no difiere de nuestra era, aunque lo haría si hubiera ocurrido en la actual Singapur, pero Manuel Mejía alza la voz e inserta, a manera de epígrafe, un poco de aliento al oído y al alma: “No suframos. Mañana, cuando estemos muertos, nos reuniremos con quienes les tocó morir hace siete mil años.”

Menos es más: actores y músicos con un toque lumínico a cargo de Alain Kerriou, decoración corporal de Malini Mayi en lugar de ostentosos vestuarios, y recursos mínimos como cornos suizos en vez de escenografía, crean el ambiente preciso para mostrarnos nuestra situación, tan vigente como antigua.

Desde hace 1000 años, como diría José Alfredo Jiménez, siempre caemos en los mismos errores, y a pesar de la distancia geográfica o temporal, no hay duda… Esta historia nos corresponde.

Zahhak y Fereydún

por Roman Pacheco • David Juárez Miranda

Considerando explicaciones alternativas a las canónicas sobre el origen griego del teatro, es muy probable que esta forma de arte surgiera en distintos lugares del mundo en etapas muy tempranas de la humanidad, respondiendo a la necesidad de transmitir historia oral, es decir, contar las hazañas de los héroes y gobernantes, y los hechos y los mitos que dan identidad a los pueblos.

 

La historia fantástica de Zahhak y Fereydún es una narración de este tipo. Forma parte del Shahnamé, un poema épico del siglo X, que recoge la historia del pueblo persa antes de la llegada de los conquistadores árabes; y que tiene un significado fundamental para la gente de Irán porque ha conformado sus relatos originarios y, por lo tanto, ha dotado de sentido a su devenir histórico.

 

En esta ocasión, Kaveh Parmas decidió traducir por primera vez del farsi al castellano este fragmento del poema, lo adaptó al teatro contemporáneo y, además, dirige y actúa la puesta en escena. La trama puede resumirse en el ascenso al poder de Zahhak, el cual, ayudado e influido por un demonio asesina a su padre para mandar en sus tierras. Poco después mata al rey de Persia, usurpa su lugar e instaura una época de terror. Naturalmente el pueblo estaba diezmado, temeroso y muy molesto, hasta que el héroe Fereydún, que encarna los ideales de justicia, valentía y generosidad, derrota al tirano después de una batalla. Entonces, se vive una época pero la ambición y la soberbia humana vuelve a amenazar el orden que se había logrado.

En esta puesta en escena hay demonios, reyes, princesas, guerreros, bestias prodigiosas, sabios, palacios y tierras míticas, sin embargo, se ejecuta con recursos mínimos, casi no tiene vestuario ni escenografía. Se vale por completo del trabajo de dos actores en escena, un par de cornos suizos, una silla y el acompañamiento de un par de músicos, que son capaces de crear una atmósfera de intimidad con el espectador, y que además nos remiten a esos tiempos primigenios cuando la gente de las comunidades se reunían con fin de escuchar historias.

 

La capacidad interpretativa de Indira Pensado y de Kaveh son estupendas. Mediante el magnífico uso del cuerpo y de la voz, ellos dan vida a la infinidad de personajes y eventos que ocurren en la historia. Asimismo, se valen una iluminación llena de contrastes que enfatiza los movimientos y los rostros de los dos actores.

 

La historia de Zahhak y Fereydún es una bellísima obra de teatro. Por ello, sería excelente que tuviera una temporada más en los teatros de la UNAM, ya que es una ventana para comenzar a conocer la cultura y la historia de una ajena y espectacular civilización que tiene más de 4000 años de historia. Y una invitación para reflexionar sobre las similitudes que podemos encontrar en las historias de los pueblos, incluso en la época contemporánea.