CRÍTICA DE “LA VOZ HUMANA”

Por Marez Vela • Lucero Guzmán Pérez

La voz humana de Francis Poulenc. Libreto de Jean Cocteau

Adaptación y dirección: Alonso Ruizpalacios

Dirección musical e intervención: Tomás Barreiro

Con: Ana Gabriela Schwedhelm, María Evoli, Lydia Kavina, Judith Thorbergsson.

La perfecta armonía entre el piano, el theremin, la voz de la soprano, la actuación, las imágenes proyectadas en la pantalla; produce una cascada de sensaciones indescriptibles, que sólo se pueden traducir en “la voz humana” dirigida por Alonso Ruizpalacios.

Esta obra desarrollada es un solo acto muestra una actuación donde el lenguaje corporal de las protagonistas, cada gesto, cada movimiento, cada micro expresión es analizada fríamente por las cámaras. Lleva consigo una constante guerra entre la empatía y la repulsión por ese personaje amoroso y su objeto de amor, la cual se potencializa gracias a la atmósfera de tensión que crean el piano y el theremin, interpretados Judith Thorbergsson y Lydia Kavina, respectivamente.

“La voz humana “ muestra con claridad la decadencia no sólo de un amor pasado, sino el de uno mismo, representado por Schwedhelm, protagonista de la historia. La mirada del personaje tiene algo particular que penetra hasta lo más profundo, logrando conectar con cada uno de los espectadores, transmitiendo esa sensación de discordia interna. Una esperanza con la que nadie quiere cargar, pero de la cuál todos hemos sido presos. Es precisamente esa mirada la responsable de establecer la conexión entre la soprano y el público.

María Evoli, en su interpretación de la persona amada, es capaz de transformarse de forma brusca y sutil durante toda la obra; de un lenguaje a otro con grandes saltos, apenas perceptibles a pesar de lo evidente en el lenguaje. Llena con su interpretación ese vacío que representa su personaje; la ausencia de lo vivido, la presencia del ahora sin rastros del ayer.

Estas dos actuaciones forman una colección perfecta, al interactuar hacen desaparecer la distancia que las separa. Ese medio de comunicación que las aleja y a la vez las une, se vuelve nada y a la vez todo.

Los videos nos muestran un recorrido a través de su historia de amor, representando los altibajos de la relación. A través de las grabaciones se puede acceder a la historia de la pareja desde la perspectiva de cada una de ellas. Por un lado la protagonista; estancada en una felicidad que ya pasó, la amada; en una posición diferente, dejándolo todo atrás; algo que la protagonista es incapaz de ver. Una relación tan sencilla a primera vista, pero que encierra una complejidad que únicamente algo tan misterioso como el amor puede sobrepasar.

Por su parte, la analogía de la conexión de red que en todo momento falla, crea una atmósfera en la que el espectador se encuentra con una parte profunda dentro de su inconsciente, una parte quizá reprimida, pero presente. La espera por una parte, la indiferencia del otro lado de la video llamada.

De una manera muy subjetiva me atrevo a decir que esta obra evidencia, de una forma exquisita, la otra cara de la esperanza. Cuando el anhelo se convierte en lo indeseable; cuando el amor antes correspondido se vuelve una carga pesada con la que nadie quiera vivir pero a la que todos estamos expuestos de la manera más vulnerable.

El único defecto a discutir de esta puesta en escena es su corta temporada, nadie debería adentrarse a las oscuras artes del enamoramiento sin antes presenciarla.

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