LA VOZ PERDIDA

Por Bruno Villarreal • Bruno Iñaki Rosales Villarreal

Un escenario con un piano a la izquierda, un theremin a la derecha y dos cámaras con micrófonos un escalón arriba de los instrumentos, una a la izquierda y otra a la derecha. Sábanas blancas yacen en el suelo. El director de la obra, Alonso Ruzpalacios, (director de la película Güeros y de múltiples obras de teatro) nos recibe diciendo que la soprano cantará a media voz debido a que la temporada en realidad empieza al día siguiente. Ruizpalacios sale, la obra empieza.

La enamorada (Ana Gabriela Schwedhelm) que espera el regreso de la amante (María Evoli) comienza a cantar sus llamadas telefónicas a la amante. La amante responde en lenguaje de señas, dejándonos la duda de lo que dice, pero con su expresión corporal y de rostro nos llega el mensaje, para que el vaivén de energías entre ambas sea claro. El aparente soliloquio de las llamadas es alrededor de lo que gira la obra, en él se descubren las emociones más melodramáticas pero universales.

La relación entre ambas se desenvuelve frente a nosotros dejando en el suelo las sábanas blancas sobre las cuales se ponen de pie. El desenvolvimiento se logra a través de juegos de sombras; proyecciones en la pantalla (¿o telón?) grande con videos de ellas platicando en vivo, dejando así un hueco enorme entre las amantes que nunca se ven realmente a los ojos aún estando enfrente, solo a través de la pantalla; la composición musical que con un piano y un instrumento tan extravagante como el theremin hacen un dueto perfecto para ser parte esencial de la obra y envolvernos en las capas que solo la música puede; el canto a media voz de la enamorada, una media voz que se pudo percibir vibrante en nuestro tímpano, que tenía la fuerza de una voz completa; las respuestas de la amante con lenguaje de señas, la voz muda, que también es una voz completa y compleja; el minimalismo de la puesta en escena con tan solo unas sábanas en el suelo. Todas las piezas que están en el escenario se acoplan y dan el desenvolvimiento correcto, no se puede pedir mucho más cuando una obra abarca tantas disciplinas y lo hace de una forma amalgamada, sin baches, concreta, completa y sencilla.

Las actuaciones de las enamoradas tienen una fuerza en sus rostros y cuerpos que te hacen estar al tanto de cada movimiento. Las voces (tanto las que se escuchan como las que no) llegan a nosotros y se quedan, y digo voces porque traspasan sin duda la idea de los diálogos, del soliloquio, porque una voz es más que un simple diálogo, es fuerza, motivación, impulso, pensamiento, reflexión, y un largo etcétera. Las fuerzas de relación entre ambas son potentes y nos hacen reflexionar la mayor parte del tiempo lo que se dice y hace. A pesar de que la obra ya haya terminado la sigues pensando y repensando, incluso días después, entonces uno termina haciéndose una pregunta bastante importante: ¿cuándo termina realmente la obra de teatro?

La voz humana es una obra que hace evolucionar el pensamiento, reflexiona en el lenguaje y la comunicación humana, dice lo que tiene que decir y deja huella en nosotros como espectadores. La voz humana es una multitud de voces que resuenan en los detalles de la obra, es un microcosmos lo suficientemente universal para llegar a nosotros de forma sutil. La voz humana es una obra que debe ser vista porque nos concierne a todos, nos alimentará de una u otra manera y nos hará pensar, concientizar lo que expresamos cotidianamente. La voz humana, finalmente, es una pequeña onda que viaja perdida en el espacio esperando a que alguien conteste del otro lado de la línea.

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