NADA, O CUANDO LOS ACTORES LO ENTREGAN TODO

Por Betsy P. • Dorte Jansen

¿Es lo mismo escribir una crítica teatral al saber que se puede ganar un premio? ¿Si la motivación para redactar una reseña es el dinero y no la necesidad de reflexionar, el resultado no queda distorsionado? ¿Se puede fingir la inocencia?

Ver una obra como Nada marca un antes y un después en el espectador; es imposible salir del teatro sin hacerse preguntas. Basada en la novela de Janne Teller, Nada cuenta la historia perturbadora de unos niños en búsqueda del sentido de la vida. Bárbara Perrín Rivemar fue la dramaturga ideal para hacer la adaptación mexicana: “Me la encomendaron porque he tenido un par de aciertos a la hora de escribir textos vertiginosos y con algo de humor ácido. Les metí más carne a los personajes, pues en el texto de Teller todo se narra desde el punto de vista de Ana (Agnes).”

Un día Pedro (Eduardo Abraham) decide subirse a un árbol e inquieta a sus compañeros (Lila Avilés, Pablo Marín, Andrea Riera, Lucía Uribe y Leonardo Zamudio) al preguntarse por el sentido de la vida. Ellos intentan comprobarle que sí existen cosas con un significado importante: la lista va de un hámster, de la excavación clandestina del hermanito muerto, sobre unas mechas azules, una bici amarilla a cambio de la virginidad y termina con el corte sangriento de un dedo.

Al parecer todos sacrificios valieron la pena, pues, su juego macabro llama la atención de la prensa internacional. Se les ofrece una inmensa cantidad de dinero para exhibir su torre de significados en un museo. No obstante, Pedro los corrige: las cosas al convertirlas en dinero pierden su significado personal. Los niños desilusionados asaltan a su compañero y prenden fuego a la fábrica. Al final, perdieron todo: su inocencia, su sonrisa y las ganas de vivir. “Si la muerte no importa tampoco la vida”.

El trabajo de la directora Mariana Giménez se singulariza por involucrarse siempre personalmente. Nutrió la puesta con recuerdos de su infancia y pidió a los actores que hicieran lo mismo, por eso los personajes están tan vivos. Sin duda, son las actuaciones las que llenan el espacio de Nada, jugando con el significado mismo de la palabra. Los objetos no se materializan, como la bici amarilla o el Jesús crucificado, se resuelven actoralmente. De hecho, las escenas más brutales y sangrientas no se ven, se narran y suceden en la imaginación del espectador. Austeridad también en la cantidad de actores, pues unos cuatro se encargan de interpretar múltiples personajes, lo que hace la puesta más dinámica. Las actuaciones son tan precisas que muchas veces parecen coreografías.

La sencillez de la escenografía —un simple podio cuadrado— diseñada por Patricia Gutiérrez Arriaga, enfatiza esta estética de la nada. En el centro, se encuentra un cubo vacío, que va creciendo con cada significado. Hacia el final, el cubo cae por el suelo para convertirse en el ataúd de su compañero. Pedro, este personaje que recuerda al Barón rampante de Ítalo Calvino, no necesita un árbol “falso”, usa la pared del teatro para subirse al piso superior. Con su mano atraviesa la luz de uno de los focos e integra así un elemento de la realidad al juego escénico.

¿Qué significa el teatro en la vida de un actor? Lo significa todo. Se ve y se siente que el equipo creativo de Nada ha entregado todo y, al menos, los actores lograron llenar sus vidas con un sentido durante esta primera temporada. Pedro escribe en letras grandes: “NADA”. Esta palabra y otras preguntas zumban un rato más en las cabezas de los espectadores.

 

 

 

 

One thought on “NADA, O CUANDO LOS ACTORES LO ENTREGAN TODO

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