DE CÓMO ENFRENTAR A CERVANTES Y SALIR VICTORIOSO (El Quijote vencedor de sí mismo)

Por Un simple mortal • Diana P. Benítez Rodríguez

Desde que la luz se enciende sobre el escenario de la Sala Shakespeare un personaje singular patas arriba, literalmente, nos recibe. Una luz cenital lo ilumina y destaca su hermoso vestuario compuesto por retazos de metal, tela, hoja de lata, aluminio, monedas, colores que sobre una casaca resaltan y le dan brillo a la humanidad de un personaje que ya consideramos increíblemente cercano. El Quijote de cabeza habla y gesticula una serie de diálogos que nos sorprenden mientras terminamos de acomodarnos en nuestro asiento. Algunos espectadores se quedan con la boca abierta durante los primeros minutos, y piensan que Valdés Kuri es capaz de dejar a su actor en esta postura por el tiempo que dure la obra. Un libro yace cerca de nuestro personaje de cabeza y según lo vamos intuyendo, este libro es capaz de transformar la estancia del Quijote frente a nosotros.   Efectivamente, su propia historia y su accionar estarán determinados a partir de la página que se lea. Con ayuda del público lector, Quijote recreará las hazañas propias de manera vívida. Pero a medida que avanzan los textos, el personaje muestra un cuestionamiento que ya desde Pirandello había suscitado interés: el destino determinado por el autor sobre sus propios personajes, y sabemos que no es el único caso dentro de la historia teatral.

Cuestionar a nuestro autor personal igual que lo hace Quijote a lo largo de la obra nos da cuenta de la imagen de un destino marcado en espiral del que hablara Mircea Eliade en El mito del eterno retorno, y en este afán, el personaje principal no dejará de tener las mismas dudas que el hombre del Siglo de Oro: la felicidad, la bondad, la dignidad, la lealtad ¿existen? Y para lograr crear el vínculo con el autor del siglo XXI, en este caso Valdés Kuri y Mónica Hoth, habría que hacernos otra pregunta: estas virtudes, ¿son capaces de seguir presentes en nuestra vida? ¿Tendrán vigencia en nuestra realidad compleja y violenta? El problema en cuestión es que Cervantes ha determinado el destino de Quijote y a su vez éste se siente incapacitado para accionar en la actualidad.

Claudio Valdés Kuri presenta un texto que desarrolla este cuestionamiento y extrañamente lo enmarca dentro del género didáctico, con un lenguaje sencillo, al alcance de “cualquier persona” que no haya tenido la posibilidad o el gusto de leer la novela. Es precisamente en este ambiente donde pareciera que el Quijote se acerca al público asistente, pues la realidad es clara: casi nadie ha leído la tan importante novela de Cervantes.

El montaje es ágil, pues echa mano de la gran capacidad corporal del actor principal Fernando Huerta Zamacona: Quijote, y quien tiene a su lado la presencia de Xóchitl Galindres, ella representa de manera sencilla la problemática sobre abusos, tanto personales como contra la ecología, y la manera de confrontar retos y problemas por los que pasa la juventud en la actualidad. Por medio del diálogo entre ambos, la reflexión nos hace sonreír y también nos insta a la lectura de tan importante obra. Finalmente Quijote sale vencedor ante Cervantes, lo que abre la posibilidad de mirar la vida con algo de esperanza.

Quijote vencedor de sí mismo tiene que ver con la toma de conciencia de ser, ante todo, uno mismo; sin necesidad de depender de un autor, a quien podríamos llamar predeterminación, y que en muchos casos dejamos que defina nuestro propio destino. Igualmente tiene que ver con la fuerza interior para afrontar la realidad y salir victorioso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.