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¿Qué pasaría si Desdémona no fuera una mujer mexicana?

Seguramente esta historia sería completamente distinta.

 

“La maté por un pañuelo” puesta en escena producida por Teatro UNAM retoma el clásico de Shakespeare, Otelo, para trasladarlo al contexto actual de violencia que se vive en nuestro país. Lo cual permite hacernos estos cuestionamientos entorno al papel de la mujer en la sociedad y la violencia que se ejerce en contra de ellas.

Otelo narra la historia de un general (personaje interpretado magistralmente por Leonardo Zamudio) quien se enamora perdidamente de Desdémona (Sofía Sylwin) pero en cuya historia de amor no existe un final feliz, ya que las intrigas y los celos pueden enceguecer y llevar a trágicos desenlaces.

Bajo la extraordinaria dirección y adaptación de este clásico shakespiriano por Andrea Salmerón, la puesta en escena va desmenuzando un problema social tan grave: los feminicidios en México. Donde el espectador se confronta con la realidad que se vive diariamente hasta llegar a un estado catártico del que no se puede huir.

Este montaje se desarrolla dentro de la esfera política mexicana, en un contexto actual; donde el machismo impera y el lenguaje despectivo en contra de la mujer tiene predominio en las charlas cotidianas. Se observan a los altos mandos del poder humillar y pisotear a sus compañeras y rebajarlas a un simple objeto decorativo en su vida.

Y es algo que se observa de manera habitual, no solo en la política, sino en la sociedad en general. La violencia y el lenguaje sexista en contra de las mujeres es algo que no se ha podido erradicar pese al paso del tiempo. Aunque cada día hay más mujeres ocupando cargos políticos o altos mandos en el poder, la discriminación de género es un tema todavía recurrente.

¿Por qué hablar de este tema en Teatro?

México, es un país donde asesinan 9 mujeres al día. Sólo en el primer trimestre del 2019, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se han registrado 227 feminicidios. Estas cifras van en aumento: del 2015 a la fecha durante el mismo periodo, la cifra aumentó a más del 50%.

La violencia cada día está más normalizada en la sociedad, el acoso y hostigamiento son parte del día a día. Donde se hacen chistes sexistas y nadie alza la voz. Donde se denigra y discrimina “sólo por ser mujer”. Y donde los crímenes más atroces son cometidos por celos, por descubrir un like, un mensaje de WhatsApp, una fotografía o “un pañuelo” y ya no nos sorprende.

Lo más rescatable de la obra, como ya lo mencioné es la dirección: tiene un gran cuidado del texto, la adaptación por Andrea Salmerón y Alfonso Cárcamo es respetuosa del clásico de Shakespeare en cuanto a intención y contenido.

Las actuaciones son excelentes, se nota un trabajo arduo de construcción de los personajes, lo cual logra que el espectador entienda su conducta y motivaciones. El diseño de escenografía a cargo de Tania Rodríguez permite trasladarnos en el espacio-tiempo. Con un solo movimiento escénico nos transporta a una oficina, una casa o un exterior.

El tema que aborda me parece de suma importancia que se rescate en el teatro, ya que el arte también sirve de denuncia social. Si bien pudo respetarse el original como un crimen pasional, el equipo decidió arriesgarse y mostrar una situación completamente vigente y que atañe a nuestra sociedad.

¿Qué pasaría si Desdémona no fuera una mujer mexicana? Probablemente no sería parte de estas estadísticas tan atroces. Podría contar libremente su verdad, podría decir lo que piensa sin temor a ser juzgada. Estaría viva.

Desdémona es sólo un ejemplo de lo que viven miles de mujeres en México. El espectador podrá reconocer en esta historia una serie de situaciones que le serán tristemente familiares, ya que son reflejo de la realidad mexicana, pero que servirá para enfrentarnos con aquello que nos molesta y nos llena de hartazgo. Seamos hombres o mujeres, es un tema que nos compete y se debe hacer algo al respecto.

La obra nos hace esta invitación a alzar la voz, a no quedarnos callados ante la violencia y no fingir que no nos damos cuenta de lo que ocurre. A no ser cómplices. ¡No queremos que las cifras sigan aumentando! ¡Debemos frenar la violencia!

 

Dianna Karenina.

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