Humboldt, México para los mexicanos

 

 Al momento de nacer como nación, México tenía clara la figura de la madre en la Virgen de Guadalupe, pero estaba conflictuado con la figura del padre, hasta ese momento conquistador, macho y abusador. Hidalgo y Morelos fueron rescatados de manera tardía y su calidad de sacerdotes guerrilleros, castos y con hijos, espirituales y violentos, los convirtió en padres contradictorios de una patria llena de contradicciones.

Sin embargo, pocos años antes de la larga y tortuosa gesta independentista, gracias a un permiso excepcional de la corona española, apareció por México Alexander von Humboldt: un científico, un hombre universal, una figura incuestionable, una celebridad mundial, aclamado en todas partes, un hombre blanco opuesto al conquistador y al sacerdote. En 1809, Humboldt publicó un libro de proporciones enormes sobre México describiéndolo, alabándolo, criticándolo, es decir: reconociéndolo. Es en el hecho del reconocimiento en donde el México naciente identificó al auténtico padre que anhelaba y por eso fue el primer extranjero mexicanizado por decreto presidencial en 1827. Con la naturalización de Humboldt, México adoptó un padre universal, mesías de la ilustración.

Pero el padre primigenio no quedó en la sombra. Un siglo y medio más tarde fue develado por Juan Rulfo en la novela Pedro Páramo, libro igualmente célebre que inaugura el realismo mágico en la literatura universal.
Pedro Páramo es el padre que reconoce sólo al hijo que no tuvo madre y niega a todos los demás (aún cuando los manda bautizar). Es el padre que desprecia y abusa. Es lo masculino definido como negación de lo femenino, es lo femenino definido como rencor hacia lo masculino. Pedro Páramo es un libro nada científico y poco voluminoso, comparado con el del sabio alemán, sin embargo resistió el paso del tiempo mucho mejor que el Ensayo Político del Reino de la Nueva España, hoy en desuso.

 

Humboldt, México para los mexicanos, es una obra que habla desde la mirada de la extranjería. Fue escrita por un extranjero, es dirigida por un extranjero y es interpretada por seis actores extranjeros residentes en México.
Queremos romper el mito de que México es sólo para los mexicanos. En la idea misma de México está la impronta de lo extranjero: los aztecas fueron extranjeros que llegaron al lago de Texcoco, así como luego lo hicieron los españoles. En ambos casos el encuentro fue violento. La asociación extranjero/conquistador ha sido, más que un episodio en la historia de México, una constante. Mediante este trabajo esperamos poder reparar esa fractura mostrando el rostro humano de la diversidad, tomando consciencia de que la experiencia de ser extranjeros es algo que, en el fondo, hacemos todos, porque  sentirse lejos es una experiencia universal.

 


Ernesto Anaya Ottone

 

 

 

 

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