Medea

 

 

Me parece que la presencia de Medea o, para mejor decirlo, la presencia del mito de Medea, a lo largo de toda la historia de Occidente se debe en gran medida a la reiterada aparición de sucesos similares y, a veces, sorprendentemente idénticos que haciendo abstracción de las particularidades contextuales se presentan con insistencia en el plano de la vida real. Habría que agregar, también, para entender esta presencia prolongada del mito las cuantiosas versiones (buenas, malas y regulares) que se han dado a lo largo del tiempo.

 

Algunos teóricos prestigiosos del siglo XX consideraron que, específicamente la obra de Eurípides, genéricamente se mueve en las suaves arenas del melodrama. Dando por buena esa opinión, hemos querido llevar la estructura de este trabajo a la solidez seca, rotunda y ética -no moral- de la tragedia.

 

En cuanto a la concepción escénica, me ha interesado fundamentalmente  restablecer desde nuestra contemporaneidad la densidad de tensiones vitales y sacras propias del rito. Intento extraer, hasta donde la ficción me permite, la esencia de los resortes conductuales en la época fabulosa. Para ello he contado con la generosa participación de mis tres actores, así como de los demás colaboradores que son parte de ella.

Germán Castillo

 

 

 

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