Simulacro de idilio

cabezateatrounam

Ésta obra es un máquina de revelaciones brutales que ponen a prueba la confianza de Palacios, su protagonista, en los acuerdos y las instituciones. ¿Qué hay en esta vuelta a las expresiones canónicas del drama moderno? No poco. En primera instancia un guiño sutil de Gaitán con el que refrenda su pasión por la literatura (pues hay un regusto ibseniano que recuerda a Brand), y en segunda instancia un discurso desencantado ante la incapacidad social de renunciar a las formas venales y degradadas de la conducta. Simulacro de idilio delata la pérdida de sentido, la nula confianza en valor alguno, la insolidaridad, el quiebre de los ideales, y nuestra inmersión, como comunidad, en el fango de la indiferencia. Pero hay algo más. Con agudeza, pero no sin amargura, Gaitán parece decirnos, contra todo pronóstico de esperanza, que nadie, señores, nadie, es inocente.


 

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